miércoles 11 de noviembre de 2009

Pensar: empezar a hablar y aprender de nuevo a ver.


Sinceramente, y no será porque no me gustaría creer lo contrario, creo que, durante lo que llevo de vida, nunca he pensado. Creemos que pensar es una actividad constante. Hay incluso quien cree que sin querer pensamos; que lo de pensar lo traemos de fábrica, de serie. Pero no es cierto.


Pensar es una actividad radical que sólo se da, sólo es posible, como insensato rompimiento del sentir, sentido, común. Dilución de la obviedad, seguridad, normalidad y horizonte. ¿Duele? Pensar no es para cobardes. Pensar, intuyo, es un arrebato. El final de la película de Zulueta. Si la vida es un sistema formal, el pensar es,  más allá de un punto de inflexión de esa curva que tiende a infinito o cero, yo ahí no me meto, un discreto punto donde la función deja, por un momento, de existir. Pensar. La singularidad física. Un punto de fuga del constante (ahora sí) mecer de la cuna en la que nacemos o la mecedora en la que morimos.


Y a partir de ese estático mecerse, más rápido o más lento, que se ha convertido en nuestra cárcel, naufragos de dos orillas, y con suerte, me planteaba: ¿cuántos de los que descansan en trabajos en los que se siente el vaivén del barco se creen pensar?


Hace una semana que envié el manuscrito de la tesis a los miembros del jurado.


La mayor parte de imágenes utilizadas en este post provienen de la estimulante entrevista a Santiago López Petit en Fuera de Lugar. López Petit es el profesor de universidad que, en el escenario que había al final del recorrido de la mani anti-bolonia de BCN del pasado marzo, pronunció el convincente "estan passant coses en aquesta ciutat!" que todavía da vueltas en mi cabolo.


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OFF TOPIC

Con motivo de la conmemoración de la caída de El muro (sólo ha habido y hay uno, parece) alguien comentaba en estos blogs del internet que "hace veinte años no ganó la libertad, sino la ilusión de libertad. En lugar de imponerse Orwell triunfó Huxley":


Orwell, en "1984", advierte que seremos vencidos por la opresión impuesta exteriormente. Pero en la visión de Huxley, en "Un mundo feliz", no se requiere de ese elemento para privar a la gente de su autonomía, de su madurez y de su historia. Según él lo percibió, la gente llegará a amar su opresión, y a adorar las tecnologías que anulen su capacidad de pensar.

Lo que Orwell temía era a los que pudieran prohibir libros, mientras que Huxley temía que no hubiera razón alguna para prohibirlos, debido a que nadie tuviera interés en leerlos. Orwell temía a los que pudieran privarnos de información. Huxley, en cambio, temía a los que pudieran brindarnos tanta que pudiéramos ser reducidos a la pasividad y el egoísmo. Orwell temía que nos fuera ocultada la verdad, mientras que Huxley temía que la verdad fuera anegada por un mar de irrelevancia. Orwell temía que nos convirtiéramos en una cultura cautiva. Huxley temía que nuestra cultura se transformara en algo trivial, preocupados únicamente por experimentar sensaciones varias.


- pero, sinceramente (de nuevo), yo no creo que el "mito" sea sólo aplicable a, o producto de, la caída del muro; que en España, salvando las enooormes distancias, transitando transitando (sacrosanta transición), de posibles 1984 a palpables mundos felices también sabemos un rato -


[...] En "1984" la gente es controlada infligiéndole dolor, mientras que en "Un mundo feliz" es controlada proporcionándole placer.


Cambiar de libro; el largo y omnipresente mayo del 68 sirvió de algo.


sábado 31 de octubre de 2009

Los piratas somalíes, agua caída del cielo.


O la multiplicación de los panes y los peces.

Os dejo con "Una visión distinta", de cuatro minutos y trece segundos, de los "piratas" somalíes:
(ojalá lloviera el mismo agua, o hubiera llovido, en muchos otros lugares)




Y el estado español a ver si deja ya en paz al niño somalí que tienen secuestrado; al trofeo africano que se trajeron para pagar menos caro por los que fueron a esquilmar allá lejos, muy lejos.


jueves 22 de octubre de 2009

Sobre la propiedad intelectual (un poema bizarro).

Yo sugiero que sean los aceituneros los que nos digan de quién son los olivos.

Aquí va mi propuesta:
(que es más vuestra que mía)

Y es que, hay quien se cree, quién,
patrono de la cultura;
como si no fuera, no,
de los lectores tarea,
laborarse la lectura
y hacer cultura con ella.

Si algo aporta el señorito,
con su nombre en la escritura,
no es el agua y la comida,
sino la tierra manida
que expolió su signatura.
Cultura que cae cautiva.


¡Decidme en el alma, aceituneros altivos, QUIÉN! ¿Quién levantó los olivos? :)